segunda-feira, 5 de outubro de 2009

Volver a los diecisiete



Volver a los 17, después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente, tan frágil como un segundo,
volver al sentir profundo como un niño frente a Dios.
Eso es lo que siento yo, en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando, como el musgito en la piedra.

Mi paso ha retrocedido cuando el de ustedes avanza.
El arco de las alianzas ha penetrado en mi nido,
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino,
es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando, como el musgito en la piedra.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento.
Todo lo cambia el momento cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencias.
Sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino de pureza original,
hasta el feroz animal susurra su dulce trino.
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros.
El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño.
Y al malo sólo el cariño, lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana, se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto como una tibia mañana.
Al son de su bella diana, hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes,
y mis años en 17, los convirtió el querubín.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando, como el musgito en la piedra.

(Sirilla canción) VIOLETA PARRA
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